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Desde el Pueblo Rebelde y por la Izquierda
Poder constituyente y elecciones parlamentarias
Ante la próxima coyuntura electoral, los colectivos abajo firmantes presentamos un puñado de reflexiones y recomendaciones sobre las alternativas y los rumbos posibles del movimiento popular al interior del proceso revolucionario. Estas líneas son producto del análisis, el debate y la preocupación desde nuestro quehacer revolucionario cotidiano, y del diagnóstico permanente acerca del rumbo general del proceso bolivariano. En primer lugar, aplaudimos y acompañamos la construcción del partido de los socialistas unidos (PSUV), así como toda forma de construcción de la que se nutre el movimiento popular.
Para asegurar que la acción parlamentaria revolucionaria apunte hacia la construcción del nuevo estado comunal, los compatriotas que participen en la Asamblea Nacional para impulsar la revolución deben ser garantía de verdadera construcción de hegemonías populares. Por ello, cada postulado a la asamblea debe tener y compartir un claro programa para el fortalecimiento y creación de las nuevas instituciones del estado comunal. Como colectivos inmersos en la dinámica popular, consideramos que quienes pueden colaborar en esta tarea son quienes tienen experiencias de construcción comunitaria –aunque sean locales o “pequeñas”. Ejemplo de audacia en ese sentido fue la decisión del Presidente Evo Morales, en Bolivia, que en el reciente proceso eleccionario decidió que los parlamentarios arquetípicamente “representativos” cedieran sus espacios, para incorporar exclusivamente a candidatos de las bases populares. ¿Con qué orientación elegirá la base? No puede ser sobre la premisa de complacer a los dirigentes, sean directivos del partido, gobernadores, alcaldes o los actuales diputados. No se trata de perpetuar a nadie ni de convalidar banderas gatopardianas. Para que los candidatos cumplan la tarea, tenemos que evaluar el cuadro coyuntural y las metas estratégicas del proceso y preguntarnos: ¿qué queremos de la próxima asamblea? Coincidimos con otras opiniones en que la derrota de la reforma constitucional en 2008 no fue por “inmadurez del pueblo”, sino por haberse estructurado sin la participación del pueblo y las organizaciones sociales como actores principales del proyecto. Análogamente, lo que le da legitimidad al proceso actual de elección de candidatos es que la base elija a representantes de la base compenetrados con los objetivos estratégicos de la revolución, como quien ensambla un equipo para enfrentar a determinado rival. Por eso, la política es la que fija la naturaleza de las alianzas, que deben obedecer a los objetivos del proyecto político organizativo. Por ello, la construcción de una nueva hegemonía debe fundamentarse en la base de la unidad del pueblo en torno a sí mismo, a sus organizaciones naturales, el partido y el líder. Es decir, debe haber sintonía entre el momento político y el perfil de los cuadros, así como entre el proyecto y el programa de trans- formaciones revolucionarias. De lo contrario, se trata de una rebatiña burocrática de puestos, en donde los más fuertes, con más recursos y mejor organizados, saldrán triunfadores, y no necesariamente aquellos que necesitamos para impulsar el proceso revolucionario.
Los candidatos deben también ser parte del pueblo, y no sólo representantes. Así pues, “el parlamentarismo de calle” debe convertirse en el parlamento de y desde la calle, dando el salto cualitativo más allá de lo formal, de una que otra puesta en escena de un grupo de parlamentarios y hasta de la propia asamblea deliberando en una calle. Para mandar obedeciendo, hay que ser parte del compromiso y no solo asumir el compromiso. ![]() Por eso creemos que el riesgo de saltos de talanquera se minimiza al escoger representantes desde el seno de la organización y las luchas de los representados. Estos luchadores sociales pueden ser o no de partido, pero deben ser orgánicos al proceso y contar en lo posible con el aval de ambos espacios. En ese sentido, obligar a inscribirse en el partido a cuadros que podrían ser expresión local ante lo nacional es circunscribirlos a las reglas de juego del partidismo, lo que no siempre resulta en la escogencia de los mejores, ni tampoco son necesariamente representativos, si es que de representatividad se trata. La escogencia debe ser la síntesis entre lo cualitativo y lo cuantitativo. El movimiento popular venezolano contiene un conjunto de visiones compartidas, experiencias y tradiciones de lucha expresadas en hombres y mujeres del seno del pueblo. Cuadros revolucionarios que en el terreno concreto expresan una política nacional, dando ejemplo de resistencia, construcción y constancia. Estos cuadros son puntos de referencia social y por ello, son garantía de la necesaria profundización y continuidad del proceso.
Son valor cualitativo y en ese sentido, deben ser tomados en cuenta a la hora de presentar una fórmula electoral alternativa a la derecha y la abstención –y por ende, victoriosa ante el reto de asegurar la mayoría cualificada. Esta reflexión nos obliga a presentar ante la contienda electoral un conjunto de líderes sociales que expresen la orgánica del movimiento popular revolucionario organizado. No se trata de aspiraciones individuales ni de búsqueda de cuotas de poder para grupos locales. Lo vemos más bien como un aporte para la discusión y el debate, pues camaradas que respondan a este perfil representan en sí mismos lealtad, ideas, capacidad de trabajo, arrojo, valor, ética, camaradería, y en fin, construcción del proyecto del poder del pueblo. Lo hacemos sin condiciones. No haremos ni somos tienda aparte. Somos y seremos parte interior de este proceso. Siempre hemos apoyado al líder y al partido en sus decisiones y lo vamos a seguir haciendo, entendiendo que la reciprocidad pasa por el desprendimiento. No ponemos condiciones, pero sí aspiramos que esta propuesta sea parte del diálogo, el punto de vista, la opinión, la consulta necesaria para la toma de decisiones. Tenemos la certeza que este planteamiento servirá para mostrar otro punto de vista, otros rostros y experiencias aún no tomados en cuenta. El desencanto expresado por el pueblo venezolano en otras contiendas requiere de nuestro mayor esfuerzo en ser políticamente maduros y suficientemente humildes para no arriesgar las conquistas del pueblo. Necesitamos ofrecer alternativas de renovación en concordancia con los retos actuales del proceso. Tenemos la certeza que este planteamiento servirá para mostrar otro punto de vista, otros rostros y experiencias aún no tomados en cuenta.
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